Periódico la República | Martes 18 de Abril de 2017

 

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Tiene razón Laura del Aguila Reyes al afirmar que hay que perpetuar los años felices de cuando éramos niños, ustedes jóvenes y la vida parecía un cielo. Y nosotros completaríamos esta poética frase con ahora que no todo es cielo, recordar que cuando si fue, nos da una gran satisfacción.

Por ello nos parece prudente resaltar como una “barbaridad” lo de Jesús Malverde, y su santa muerte. Con todo respeto, por supuesto: Jesús Juárez Mazo, más conocido como Jesús Malverde, vino a la vida el 24 de diciembre de 1870 en el estado de Sinaloa. Relatan que fue un bandido de cabello negro y ojos de color azabache, y que fue salteador de caminos. Es venerado como santo por una gran cantidad de gente del pueblo y se ha convertido en el patrono de los narcotraficantes. La Iglesia Católica no le reconoce su estatura oficial de santo porque afirma que no hay antecedentes de que haya sido virtuoso y, además, que no se le conoce milagro alguno, pero aun así se le venera y su culto se ha extendido por todo el estado de Sinaloa y aún fuera de él. Haberlo comentado con nuestro amigo Fernando Calderón Ramírez de Aguilar, nos permitió obtener una amplitud de datos. Ambos, los compartimos, en dos partes, porque fue larga la plática. A Malverde se le han construido varias capillas. La primera surgió en Culiacán y otras han aparecido en Badiraguato, Tijuana y Chihuahua, así como en Colombia y en Los Ángeles en Estados Unidos de América. También hay una capilla en la colonia Doctores en la Ciudad de México. Una figura construida probablemente de cartón fue presentada en la feria de la Guelaguetza de Oaxaca de 2014. Malverde es conocido como el Bandido Generoso o el Ángel de los Pobres, y también como el Santo Patrono de los Narcotraficantes. Fue una especie de Robin Hood, ya que asaltaba y robaba a los hacendados y a las familias pudientes de la región entre las que estaban las de los Martínez de Castro, los Tarazonas, los Redo, los de la Rocha y los Fernández.

Posteriormente repartía el botín entre la gente pobre. Se afirma que sus padres murieron de hambre por el abuso de los terratenientes. El gobierno ofreció recompensa por su captura y fue perseguido.

En uno de sus enfrentamientos con la soldadesca, Malverde sufrió una herida que le produjo una gangrena y entonces, presintiendo su muerte, llamó a un amigo para que lo entregara y cobrara la recompensa, misma que debía repartirse entre los pobres. Entregó su alma al Creador el 3 de mayo de 1909. Parece ser que su muerte fue por ejecución y que, una vez terminada ésta, se prohibió la inhumación de los restos y el empedrado de los mismos, pero los habitantes de la zona fueron tirando una a una piedras sobre su cadáver hasta formar una tumba, con lo que no se violó la ordenanza. Hasta la fecha mucha gente lo considera un santo milagroso, lora en advocaciones a sus milagros y le pide múltiples favores rezando.

Juan Soldado

Tal es el nombre con el que se conoce a un militar mexicano que se cree se llamaba Juan Castillo Morales, soldado raso ejecutado en Tijuana, Baja California, el 17 de febrero de 1938 tras la presunta violación y asesinato de la menor Olga Camacho Martínez. Se le venera como un supuesto santo en la región noroccidental de México y en el suroeste de Estados Unidos de América. Aquellos que creen en sus milagros dicen que fue acusado falsamente y que a través de su intercesión espiritual pueden conseguir ayuda para resolver problemas de salud, personales o familiares, y también para auxiliar a sujetos indocumentados para cruzar la frontera. Es por eso que se le considera el santo patrón de los indocumentados mexicanos, aunque se piensa que es falsa la imagen que de él se venera.

Juan Castillo confesó su crimen, el cual fue corroborado por personal del naciente FBI; Juan lo aceptó debido que todas las pruebas que había eran irrefutables. La información se filtró y los vecinos pidieron que se le entregara para lincharlo. Se hizo un motín y hubo más de cien detenidos. Las autoridades locales se lavaron las manos diciendo que su crimen correspondía al fuero militar para que se le juzgara. Fue sentenciado a muerte y se le llevó al paredón, sin embargo, se le concedió que se le aplicara la ley fuga, procedimiento muy utilizado en esa época que consiste en dar libertad al reo y dejarlo

escapar dándole un tiempo mínimo después del cual se inicia la persecución y muerte del reo. Con el paso del tiempo, a algunos vecinos que vieron la ejecución les entró un sentimiento de culpa por lo que recogieron las piedras ensangrentadas en donde cayó su cuerpo y con ellas fueron haciendo una tumba como un acto de arrepentimiento.

Actualmente en el viejo Panteón de la Puerta Blanca de Tijuana existen dos pequeñas capillas dedicadas a Juan Soldado. La primera es en la que realmente está enterrado y ahí la gente lo venera; la ha llenado de reliquias, exvotos y cartas de agradecimiento para darle gracias por los favores recibidos. En ambas chapillas le rinden culto quienes quieren trasponer ilegalmente la frontera, y también aquellos que se dedican al tráfico de personas para cruzarla que son conocidos como polleros. Continuará. [email protected]

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