Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Esta historia, verídica, nos narra la escritora Teresa Gurza. Con algunos prolegómenos políticos, nos hace recordar un hermoso árbol que florece, con abundancia en estos meses de primavera. Nos explica su origen. Y por supuesto quién la trajo a México y en que época. Nos pareció prudente. Pero sobre todo importante darla a conocer nosotros, con su permiso. Sí, como dice ella son Las Jacarandas de Matsumoto. Un personaje al que también describe. “Pasé unos días en la Ciudad de México, para presumirla ante unas amigas chilenas que tengo de visita; y quedamos maravilladas, por la belleza de las jacarandas.
Así que, en homenaje al creador de esa hermosura, esta semana me olvidaré de la estúpida forma como dilapidan los del poder, el dinero de los mexicanos. Del Tribunal que sin ton ni son y fomentando con ello la impunidad, perdonó a funcionarios de varias secretarias de estado, por haberse robado miles de millones de pesos que son de todos. De los pocos huevos, del titular de Relaciones Exteriores ante los nuevos insultos y amenazas de Trump. De las desafortunadas declaraciones del presidente del INE Lorenzo Córdova, que cuestionado por permitir en la boleta electoral a Margarita Zavala pese a sus firmas falsas, dijo “No somos nadie para emitir juicios morales o éticos respecto de estas presuntas conductas ilícitas; serán los ciudadanos en la emisión del voto quienes juzguen…” Perdón Consejero, pero me parece que no son los ciudadanos los que cobran sino los que pagan millones mensuales, para garantizar que los procesos sean lícitos y democráticos.
Regreso al más amable tema de las jacarandas, quiero compartirles la información contenida en un mensaje que recibí, acompañado de preciosas fotografías de este árbol.
Empieza preguntando ¿Cómo es que llegaron a inundar la Ciudad de México, los árboles de Jacaranda?
Y precisa, que las debemos al trabajo del paisajista japonés Tatsugoro Matsumoto; a cuya esposa y descendencia por cierto conocí, cuando acompaña a mi abuelita a comprar arreglos en su florería de la colonia Roma.
Antes de llegar a México, Matsumoto era jardinero imperial en Tokio; ciudad famosa por sus jardines desde la era Muromachi (1336-1573) cuando el gusto por los arreglos de flores y la llamada ceremonia del té, se convirtió en un arte.
Tanta era su fama, que el gobierno del Perú lo contrató en 1892, para hacer jardines públicos.
En el camino pasó por México y le llamó la atención el aprecio que observó por las flores y las plantas.
Y ya en Perú, conoció al rico hacendado y minero mexicano José Landero y Coss; quién lo invitó a su hacienda de Pachuca, a crear un jardín japonés.
Así que, al terminar su cometido en Perú viajó a México; y lo hizo justo un año antes de la primera emigración masiva de japoneses a Chiapas, en el año de 1897.
Y le gustó tanto nuestro país, que viajó a su patria a despedirse de la familia y vender sus cosas; y se radicó acá.
La Colonia Roma era entonces una de las más elegantes; las casas eran muy grandes y los jardines requerían de muchos cuidados, que los dueños encargaron a Matsumoto.
Pronto, su prestigio como paisajista llegó a oídos del presidente Porfirio Díaz; quien le pidió hacerse cargo de los arreglos florales de la residencia presidencial del Castillo de Chapultepec y del inmenso bosque que lo rodeaba.
Y en 1910, en ocasión del primer aniversario de nuestra Independencia, Díaz invitó a las celebraciones a varios gobiernos, entre ellos al de Japón; que patrocinó una importante exposición de productos japoneses en el “Palacio de Cristal”, que hoy se conoce como el Museo del Chopo.
A un lado de ese palacio, Matsumoto montó un jardín con un pequeño lago artificial, que inauguraron Díaz y la delegación diplomática japonesa.
Ese mismo año, llegó a México su hijo Sanchiro; quien le ayudó a administrar su creciente negocio.
Al estabilizarse la situación política después de la Revolución, los Matsumoto recomendaron al presidente Álvaro Obregón (1920-1924) plantar en las principales avenidas de la ciudad de México, árboles de jacaranda; especie que ellos habían introducido desde Brasil y reproducido exitosamente en sus viveros.
Y con el tiempo quedó claro, que las condiciones climatológicas eran las adecuadas para que al inicio de la primavera el árbol floreciera; y como en esos meses no llueve en México, la flor duraría más tiempo que en Brasil.
La visión de Matsumoto fue atinada y el árbol de jacaranda, se reprodujo ampliamente en la Ciudad de México; al grado de considerarse hoy, flor nativa.
Y desde entonces podemos disfrutar de la magia lila de las Jacarandas, en los meses de marzo y abril.
Matsumoto jamás regresó a Japón se quedó en la Ciudad de México hasta 1955, el año que murió a los 94 años de edad.
A mexicanos y visitantes sólo nos queda decir, como sugirió mi amiga Magui Murga, Gracias Matsumoto.”
Y mañana la historia, gracias al colega Octavio Raziel García, de otro árbol.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *