Periódico la República | Viernes 19 de Mayo de 2017

 

Javier Valdez Cárdenas (1967-2017) acababa de cumplir 50 años el pasado abril. Un mes y un día después lo mataron, a plena luz del sol, saliendo de la oficina del semanario Ríodoce, del cual era cofundador. Su epitafio fue un tuit escrito meses antes. Rezumaba rabia, indignación: “A Miroslava la mataron por lengualarga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”. Aludía al asesinato a mansalva de la periodista Miroslava Breach, quien, como él, era corresponsal de La Jornada. Ella en Chihuahua, la frontera de nuestro país. Él, en Culiacán, la tierra que lo vio nacer y morir. Morir asesinado. Morir acribillado. Doce balas a las 12 del día, contra el reportero de Ríodoce. Doce.

Presagio de dolor, de sangre. Él, que nació en el estado de los 11 ríos, hizo fluir con sus compañeros un semanario de nombre muy sonoro. Un medio independiente que, sin proponérselo, se volvió un referente nacional e internacional que se atrevía a decir lo que todos sabían, lo que todos callaban: que a Sinaloa se lo está llevando la chingada.

CON INFORMACIÓN DE LA JORNADA

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