12 DE MARZO DE 2018

Durante más de una semana Donald Trump y el tema arancelario han tenido en vilo al mercado. A todos salvo al peso mexicano, que ha tenido un avance de más de 1.0% contra el dólar en estos últimos días, y al Nasdaq, que el viernes brindó con un nuevo récord histórico.

Lo del peso mexicano es fácil de entender. A estas alturas, ni Melania conoce tanto a Donald Trump como el peso. Desde que ganara la candidatura a la Presidencia, no ha habido variable financiera más sensible a las declaraciones de Trump que la divisa mexicana. No es para menos. Trump ha amenazado a México con un sinfín de ocurrencias: desde abandonar el TLCAN, algo que se sigue negociando, a poner un impuesto especial al envío de remesas para pagar el muro, o a castigar a las empresas que se asentaran en México, entre otras cosas.

Al principio, el peso mexicano, ese “trumpómetro” tan fiable, reaccionaba con violencia a las viscerales declaraciones de Trump. Pero después de dormir tantos días al lado de Trump y saber lo que es amanecer desayunando con sus tuits, el peso ya ha aprendido a tomarse las cosas con calma: Trump habla mucho, y le gustan las bravuconadas. Pero luego, a la hora de la verdad, tienen escaso impacto real e inmediato, y las suele rebajar: forma parte de su manera de negociar, y ahí está el caso del futuro cara a cara que tendrá con el líder norcoreano Kim Jong-un después de haberle llegado a tuitear que destruiría al país con “furia y fuego”.

Por eso no creyó, desde un principio, la advertencia de que pondría una arancel de 25% al acero y de 10% al aluminio para todos los países del mundo. El día del anuncio, el jueves primero de marzo, mientras las Bolsas mundiales se convulsionaban, mientras volaban las siderúrgicas estadunidenses como US Steel, Nucor y demás, y se despedazaban Caterpillar, General Motors o Boeing, el peso mexicano ni se inmutaba. Ese día apenas se depreció un 0.07%. Y desde entonces, mientras Trump despotricaba, Gary Cohn dimitía, varios países hablaban de represalias, las Bolsas mundiales zigzagueaban, y el dólar canadiense se tambaleaba, el peso mexicano apenas se despeinaba y encadenaba seis jornadas consecutivas de ganancias. Desde que hizo el anuncio del arancel el primero de marzo hasta el viernes pasado, el peso se ha robustecido 1.2%, en tanto el dólar canadiense tenía un comportamiento más volátil y su saldo para ese período fue de tablas.

TEMPLANZA

El peso mexicano se movió con templanza, y al final tuvo la razón. La bravata de Trump quedó en mucho menos de lo que se temía: sí, puso el arancel sobre el acero y el aluminio, pero se acordó de los “verdaderos amigos”, ésos que no suponen una amenaza para la seguridad nacional y tratan con reciprocidad a Estados Unidos tanto en términos comerciales como militares. México y Canadá quedaron desde un inicio exentos. Con el resto actuará de manera flexible y cooperativa: sólo tendrán que hacer fila, solicitar su exención y negociar los términos finales. Ahora bien, no se sabe de la posible lista de “verdaderos amigos”, quiénes quedarán librados.

Por tanto, se abre un proceso en el que, de manera bilateral, Estados Unidos examinará la situación de cada país. Entre tanto, nadie se atreverá a anunciar ninguna medida de represalia. Los dirigentes de comercio de la Unión Europea y Japón se sentaron este mismo fin de semana con el representante de comercio estadunidense Robert Lightizer, con el objeto de quedar exentos del arancel y evitar una guerra comercial. Sin embargo, la reunión no trajo ningún fruto y la Comisaria de Comercio de la Comisión Europea, Cecilia Malmstrom, dijo que no había “claridad” con el tema de las tarifas. Las espadas siguen en alto.

Quien no se librará es China, país que por sí solo explica la mitad del déficit en bienes comercializables con EU y al que se le achaca de inundar el mundo de acero barato. Ahora bien, este conflicto comercial por los metales puede ser sólo un pequeño conato de guerra respecto a la posible deflagración que se puede venir encima. Desde hace un año EU está investigando las prácticas de propiedad intelectual de China; y la administración de Trump está estudiando la posibilidad de imponer una serie de aranceles sobre productos chinos clave (aparatos electrónicos, maquinaria, textiles, etc), establecer restricciones a las inversiones y otras acciones que, con Gary Cohn fuera del gobierno, pueden ser aún más beligerantes. El gobierno estadunidense tendrá que tomar algunas decisiones antes de agosto, por lo que de aquí al verano Trump puede sorprender a los mercados con una nueva batería de medidas proteccionistas, pero esta vez sólo enfocadas a China.

Sin embargo, el arancel en sí sobre el acero y el aluminio no fue lo draconiano que en un principio se pensaba. Tanto que las acciones del sector siderúrgico, que se vieron impulsadas cuando Trump lanzó la propuesta inicial, se sintieron defraudas el jueves cuando se conocieron las exenciones a Canadá y México, y otras posibles a los “verdaderos amigos”: entre el jueves y viernes de la semana pasada las acciones del sector se deprimieron, entre ellas las de Cleveland Cliffs (-6.5%), US Steel (-4.4%), Nucor (-3.3%) o Steel Dynamics (-2.1%). Por el contrario, el resto de sectores volaron al alza.

MERCADO LABORAL

También es verdad que el viernes, los mercados internacionales recibieron con jolgorio el dato de empleo de Estados Unidos para el mes de febrero, que retrató un escenario ideal para los mercados: el de un crecimiento excepcional sin presiones salariales. La nómina no agrícola aumentó en 313,000 puestos de trabajo, la cifra más potente desde mediados de 2016 y muy por encima de los 205,000 empleos que esperaba el consenso. Además, se revisaron al alza las cifras de empleo para los dos meses previos, por lo que en ese período se generaron 54,000 puestos de trabajo más de los inicialmente reportados. Para que se hagan una idea, entre enero y febrero de 2018 se generaron, en promedio, 276,000 empleos. Eso contrasta con los 182,000 puestos de trabajo que en promedio se generaron en todo el año pasado. A su vez, la tasa de desempleo se mantuvo sin cambios, por quinto mes consecutivo, en 4.1%, que a su vez es la tasa más baja desde 2000. Esa tasa de desempleo es, incluso para la propia Fed, inferior a su estimación de tasa de equilibrio de largo plazo, ésa que no genera presiones salariales.

Sin embargo, las remuneraciones por hora, cuya tasa anual brincó inesperadamente a 2.9% en enero, la más elevada desde 2009, y convulsionó a los mercados financieros en los primeros días de febrero, esta vez sorprendió en sentido inverso. La tasa anual se desaceleró a 2.6% comparado con una lectura de 2.8% en enero (se revisó a la baja del 2.9% inicial) y del 2.8% esperado por analistas. De modo que entre un anuncio arancelario más suave por parte de Trump y un dato de empleo espectacular, la semana terminó en una gran fiesta.

Y eso es verdad sobre todo para el Nasdaq, que acabó en un nuevo récord histórico: en la semana se disparó 4.2% impulsado por el rally de los grandes emblemas como Amazon, Apple, Microsoft, Alphabet o Intel. También registraron fuertes ganancias semanales el Dow Jones (3.3%) y el S&P 500 (3.5%), si bien el primero aún se encuentra a 5.0% de su récord histórico y el segundo a 3.1%. Por tanto Wall Street, pese a los presagios de guerra comercial, siguen encantados con Trump.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *