EN LAS NUBES Ingratitud de unos hijos



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Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Nos recuerda Proceso lo que sucede a un amigo contemporáneo.

“Durante décadas, el abogado hidalguense, Saúl Uribe Ahúja cuidó la propiedad de 163 hectáreas que heredó de su padre en 1950: la hacienda  San Francisco de Ocotepec, en Apan, Hidalgo, que a principios del siglo XIX perteneció a Leona Vicario y hoy está catalogada como monumento histórico nacional.

“Sin embargo, don Saúl, el señor de Ocotepec, se encuentra afligido, pues seis de sus ocho hijos pretenden quitarle la propiedad mediante una presunta escritura de donación que, dice, él nunca firmó”

Y este tema nos permite utilizar un texto del poeta Octavio García sobre la ingratitud de algunos hijos. No de todos:

“Oye papá, cómo quieres que te entierren” A lo que el hombre sabio respondió:

“Muerto, cabrones porque ya los conozco”.

Ser reportero es un privilegio. Sin  intolerancia lo proclamamos.

Fue durante un banquete en la residencia del abogado Saúl Uribe Ahúja, que se habló de la amistad.

Y se  preguntó de enemigos. Nos dio oportunidad de aseverar que nosotros  no tenemos.

Valga la sucinta  explicación y la comida, traída por nuestro hermano Teodoro Rentería Arroyave, fue para celebrar los ochenta y nueve años del que escribe y uno más del anfitrión. Nos hicimos amigos en los tribunales. El litigaba, como hoy. Y nosotros cubríamos la información judicial.

Cada semana Francisco Liguori, Renato Leduc, Mariano Azuela Rivera  y quien escribe en la cantina de Motolinia y Cinco de Mayo. Mariano Azuela Rivera, llegó a ministro de la Corte, y luego a senador, bebía tragos con nosotros en el bar Reforma de  Motolinia y Cinco de mayo.

Fue hijo del gran escritor costumbrista mexicano del mismo nombre.

Dejó de asistir a la copa. Y acudimos a preguntar por su ausencia.

“Por respeto a la corte”, respondió.

Llegó al senado, y volvió a faltar a la cantina.

“Por qué”  inquirimos. Y solemne, advirtió:

Por respeto a la cantina”

De periodismo, política, justicia, academia., hablamos este último 19.  Mañanitas y un pastel que don Arnulfo Rodríguez trajo al ágape casi familiar. Y tras apagar el cirio. Cortamos en veinte pedazos.

Al surgir el nombre de  Francisco Liguori, amigo de don Saúl. Este, que editó  uno de sus múltiples libros, nos entregó un ejemplar

Y  su Antología Poética, nos recordó nuestra vida de reportero. Un privilegio, serlo .Insistimos.

Algo de ella. Y del libro textual.

Llegaba tarde a dar clases en la UNAM  y Pancho, inquieto, apuntó en el pizarrón la siguiente frase refiriéndola a la novela “Los de Abajo”:

“Ya se rumora en la escuela, en son de chunga y relajo, que al caro maestro Azuela, le pesan mucho los de abajo”.

Y quien a su vez fue padre del otro ministro del mismo nombre, respondió en voz alta, a sus alumnos, lo que no escribió Liguori, con el siguiente epigrama:

“A la luz de los quinqueses, sentados en los sofáses, tomando nuestros caféses, me acuerdo de sus mamases”.

Y sobre el actual pleito por Puebla surgió el concepto que Liguori, también abogado, tenía del juez:

“Según dicen, el juez tiene un talento colosal. Cree que deriva del pene todo el Derecho Penal”.

“Con estos hombres de ley, el talento no circula, pues en la mexicana grey, uno es mula y otro buey”.

Dos damas de la embajada cubana, las licenciadas Indira Poviones y  Betsys Evelin Pompa Guevara, conectadas al periodismo, escucharon un verso también de Pancho dedicado a tres poetas. Nicolás Guillén, cubano. Parra, chileno y Renato, mexicano.

“Yo prefiero a los poetas que son del pueblo cantores, copleros y trovadores en décimas y cuartetas. Son los modernos profetas de popular arrebato, como el poeta mulato, el gran Nicolás Guillén, Parra el chileno y aquí en México,  Renato también”.

Claro el gran Rento Leduc. Pulcro para escribir. Amable al saludar y cumplido con Hacienda.

De los impuestos ya tan de moda, sobre todo hoy,  salió el recuerdo de otro poeta, el queretano don Luis Vega y Monroy que, en su tiempo escribió con gran sapiencia la siguiente referencia:

“Fue a conocido lugar un fiscal de mucha cuenta, a fin de calificar lo que se había de pagar de impuesto sobre la renta. Y le respondió una beldad: Allí en sus datos concentre que al fisco por equidad le daremos la mitad de todo lo que nos entre”.

Luego de una carcajada, que todavía  escuchamos del colega Alejandro Alvarez Manilla, leemos de Liguori algo sobre hijos y el complemento de otro colega y también poeta, el chiapaneco Roberto López Moreno.

“Sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo”

Pancho Liguori escribió:

“Tuve un amigo canijo, que leyó en un libro viejo aquel antiguo consejo, que lo siguió muy prolijo. En su propósito fijo, pensó como buen pendejo: seré feliz por que dejo un árbol un libro y un hijo.

“Pero le salió todo mal, pues por irónico modo, logró al fin de su jornada un libro muy aburrido, un árbol seco y torcido, y un hijo de la chingada”

Y López Moreno, añade:

“Aquel amigo canijo, que una vez tuviste Pancho, aquel que cayó en el gancho  del libro el árbol y el hijo, aquel que en el entresijo, no advirtió lo que era un sancho, que exoneraba muy ancho, dicen que decía que dijo.

“Pero me cuentan Liguori, que el libro que se refuta fue ceniza a posteriori, el árbol sólo viruta, y que del hijo a fortiori, le nació un nieto de puta”

Otros recuerdos nos traería don Carlos González Gamio, hijo del Duque de Otranto. Al hablarnos con recato de una sección de sociales, del antiguo y lindo Excélsior.

Habló del jefe Eduardo Correa. Del “Chicharrín” don  Alfonso M. López. De doña Anita Salado Alvarez, de Ana Cecilia Treviño, “Bambi”. De Mara Idalia García, de  Noemí Atamoros y Lupita Apendini, esposa de Gabriel Vargas y, claro, de “Nachito” Ravelo Galindo, que trabajaba, dijo,  de once a catorce horas diario.

Sí, le corregimos.  De las once de la mañana a las dos de la tarde, en cabeceo y formato. Y escribir sus cuartillas.

No olvidamos que cuando ascendió a director, Julio Scherer García, quitó, entre otras secciones, sociales.

Y bautizó la nueva como  “sección B”.

Por qué ese nombre Julio, preguntamos. Rápido y con su innata inteligencia, respondió: “Por Bambi”, que ya la dirigía, y bien, muy bien.

Fue una grata reunión, don Teodoro y don Saúl: Amigas y amigos, juntos en armonía.

Y al final interpelaron:

Explica tu afirmación de que no tienes enemigos.

¡PORQUE YA SE MURIERON TODOS!

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Publicado por Ximena Perez
Fecha de publicacion:diciembre 23, 2018 9:49 pm

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